La segunda administración Trump apuesta a los aranceles para revivir la manufactura estadounidense y, con ella, la demanda de plástico. Pero el economista jefe de la Plastics Industry Association (PLASTICS), Perc Pineda, PhD, advierte que la apuesta tiene un problema de fondo: la capacidad industrial que Estados Unidos dejó de construir durante tres décadas no se recupera con un arancel, y el camino hacia allá pasa, primero, por costos más altos.
La manufactura es el principal cliente de la industria del plástico, lo que convierte su desempeño en termómetro obligado para cualquier transformador, compounder o proveedor de resina que venda a Estados Unidos —o que compita con lo que sí llega a ese mercado—. El más reciente análisis de PLASTICS, publicado el 26 de agosto de 2026, documenta seis meses consecutivos de crecimiento manufacturero. La pregunta que deja abierta Pineda no es si la manufactura crece, sino si lo aranceles con los que Washington busca acelerarla pueden hacerlo sin generar, en el camino, más costos de los que resuelven.
Uno de los objetivos centrales del giro arancelario de la segunda administración Trump es revitalizar la manufactura estadounidense, reducir la dependencia de bienes importados y fortalecer la competitividad global del país. En concreto, se trata de aranceles más altos sobre bienes de consumo, maquinaria y bienes de capital que Estados Unidos importó durante décadas: la apuesta es que encarecer lo importado empuje la demanda hacia la producción doméstica. Pineda no cuestiona el objetivo —cuestiona el cronógrama. Revertir prácticas económicas de décadas, escribe, es probable que genere efectos negativos en el corto y mediano plazo antes de que —si es que ocurre— se materialicen los beneficios de largo plazo.
“Aranceles más altos pueden alentar la inversión doméstica y, con el tiempo, expandir la capacidad de producción, pero también pueden elevar el costo de la maquinaria, los materiales y los insumos intermedios necesarios para hacer posible esa expansión.”
Perc Pineda, PhD — economista jefe, Plastics Industry Association
Ahí está la tensión central de todo el análisis: el mismo arancel que busca traer manufactura de vuelta a Estados Unidos puede, mientras tanto, encarecer justo lo que esa manufactura necesita para expandirse. Pineda identifica tres razones específicas por las que esa tensión no se resuelve rápido.
📊 Cómo viene creciendo la manufactura de EE. UU. en 2026
| Periodo | Variación mensual | Variación interanual |
|---|---|---|
| Enero–febrero 2025 | Sin cambios | — |
| Junio 2026 | +0,3% (6.º mes consecutivo al alza) | +1,6% |
| Julio 2026 | +0,2% | +1,3% |
Fuente: Índice de Producción Industrial para manufactura, citado por Perc Pineda / PLASTICS (26/08/2026
El primer freno: tres décadas produciendo más con menos gente
El primer factor que identifica Pineda es estructural y anterior a cualquier arancel: el peso de los servicios en la economía estadounidense ha crecido de forma sostenida mientras la participación de la manufactura se reducía. El Índice de Producción Industrial muestra una expansión constante entre 1972 y junio de 2008, pero con caída del empleo manufacturero durante buena parte de ese mismo periodo. Tras la crisis financiera de 2008-2009 la actividad se recuperó, aunque el empleo mejoró solo de forma modesta hasta antes de la recesión por COVID-19.
La conclusión de fondo, dice Pineda, es que la manufactura estadounidense lleva años produciendo más con una fuerza laboral más pequeña, gracias a la automatización y a las mejoras tecnológicas. Expandir esa capacidad hoy depende, cada vez más, de tecnología y bienes de capital que en buena parte se importan —justo lo que unos aranceles más altos encarecen. Ahí está la primera tensión: la herramienta que debería acelerar la reindustrialización puede terminar encareciendo el equipo necesario para lograrla.
Reconstruir capacidad no es un interruptor: toma años
El segundo factor es, quizá, el más difícil de resolver con política comercial: reconstruir capacidad manufacturera no es simplemente redirigir demanda de lo importado hacia lo doméstico. Requiere inversión en fábricas, maquinaria, mano de obra calificada, infraestructura y redes de proveedores —capacidades que, en palabras de Pineda, “no pueden crearse de inmediato” solo porque suban los aranceles.
⚠️ Los tres frenos que identifica Pineda
• Historia: tres décadas de manufactura produciendo más con menos empleo, apoyada en tecnología mayormente importada.
• Tiempo: fábricas, maquinaria, mano de obra calificada y redes de proveedores no se crean por decreto arancelario —en sectores contraídos por décadas, construir alternativas competitivas puede tomar años.
• Competitividad global: cadenas de suministro integradas a escala mundial; encarecer insumos importados puede subir costos incluso de lo que se fabrica en EE. UU. y restar competitividad exportadora.
Mientras tanto, durante ese periodo de ajuste, los sobrecostos suelen trasladarse a manufactureros y consumidores —antes de que exista suficiente capacidad doméstica para compensarlos.
El tercer freno: ganar en casa, perder afuera
El tercer factor tiene que ver con las cadenas de suministro integradas a escala global, en las que componentes, materiales y maquinaria cruzan fronteras varias veces antes de llegar al producto final. Restringir importaciones, advierte Pineda, puede encarecer la producción incluso de bienes que terminan fabricándose en Estados Unidos, mientras los manufactureros locales enfrentan costos más altos que los vuelven menos competitivos en los mercados de exportación.
“Una manufactura estadounidense más fuerte es posible, pero es poco probable que la transición sea inmediata o esté libre de costos.”
Perc Pineda, PhD — economista jefe, Plastics Industry Association
Es decir: las políticas pensadas para aumentar la producción doméstica pueden, en el camino, tensionar esa misma meta contra la necesidad de seguir siendo competitivos afuera.
¿Qué está empujando el crecimiento reciente?
El repunte manufacturero no es parejo. Un análisis de TD Economics sobre este mismo reporte, recogido por la cobertura especializada del sector, ubica la mejora reciente en segmentos puntuales —equipo de transporte, producción ligada a defensa e infraestructura para inteligencia artificial— más que en un resurgimiento generalizado de la manufactura estadounidense. Es una señal relevante para la industria del plástico regional: no todos los eslabones de la cadena de suministro de EE. UU. se están beneficiando por igual, y eso condiciona en qué segmentos específicos —empaque técnico, componentes de transporte, electrónicos— podría notarse primero un repunte de la demanda de resinas y transformados.
Qué significa esto para la demanda de plástico
El diagnóstico de Pineda es matizado a propósito. Para la industria del plástico, escribe, el crecimiento continuo de la actividad manufacturera “proporcionaría una fuente importante de demanda”, pero el camino de ese crecimiento es lo que realmente importa. Una expansión sostenida de la manufactura estadounidense en el largo plazo respaldaría la demanda de plástico; en el corto plazo, sin embargo, costos de insumos más altos, ajustes en las cadenas de suministro y la incertidumbre sobre la política comercial —es decir, los propios aranceles— podrían frenar el ritmo de esa expansión.
📉 El crecimiento ya muestra señales de desaceleración
Junio 2026 — interanual: 1,6%
Julio 2026 — interanual: 1,3%
Fuente: Índice de Producción Industrial para manufactura, vía Perc Pineda / PLASTICS. Barras a escala relativa entre los dos meses.
Por eso el reporte no se atreve a llamar “tendencia” a lo que hasta ahora son seis meses de datos positivos con una desaceleración ya visible entre junio y julio. La segunda mitad de 2026, concluye Pineda, será la que indique si las ganancias recientes son el inicio de una aceleración más amplia o simplemente una mejora modesta dentro de una transición estructural que sigue siendo, en sus propias palabras, difícil.
La lectura para América Latina
Aunque el análisis de PLASTICS está construido sobre datos e instituciones estadounidenses, su lectura no es ajena a la industria plástica latinoamericana. Estados Unidos sigue siendo un mercado de referencia —como comprador de resina y transformados, como competidor y como termómetro de precios— para buena parte de la cadena de valor de la región. Una política arancelaria diseñada para traer manufactura de vuelta a EE. UU., pero que según su propio economista jefe tomará años en mostrar resultados netos, es una variable que transformadores y comercializadores de la región harán bien en seguir de cerca en lo que resta de 2026 —sobre todo en los segmentos donde el reporte identifica el mayor impulso: transporte, defensa e infraestructura tecnológica.
Fuente: https://www.plastico.com/
