Para una empresa que quiere certificar el contenido de plástico reciclado de sus productos, lo primero es leer y apropiar la norma, requisito por requisito. La mayoría de los tropiezos en una auditoría no aparecen en la línea de producción, sino antes: en balances de materia que no cuadran, en proveedores que no entregan la información de origen del material o en requisitos que la empresa no sabe cómo sustentar con evidencia.
En la industria del plástico, pocas palabras se han repetido tanto en los últimos años como “reciclado”. Aparece en fichas técnicas, empaques, catálogos y reportes de sostenibilidad. Pero entre afirmar que un producto contiene material plástico reciclado y poder probarlo hay una distancia que el mercado empieza a medir con más rigor.
“Porque en un mercado donde la sostenibilidad debe demostrarse y no solo declararse, la certificación convierte una afirmación de contenido reciclado en una evidencia confiable para clientes, autoridades y consumidores.”, resume Whitney Giulianny Puerta Alarcón, profesional senior de certificación de producto, procesos y servicios de ICONTEC. Ingeniera industrial, tecnóloga en química y en gestión de procesos industriales, suma más de 13 años en evaluación de la conformidad, con una trayectoria que empezó en laboratorios de ensayos fisicoquímicos. Desde hace tres años lidera en ICONTEC el sector químico-construcción de certificación de producto, procesos y servicios, que incluye el sector que cobija los productos plásticos y el plástico reciclado, y ha sido auditora de parte de las empresas que hoy fabrican productos plásticos con contenido reciclado certificado.
Qué certifica la norma y a quién le aplica
El punto de partida es la NTC 6632:2022, equivalente colombiana de la norma europea UNE-EN 15343:2008. Su objeto es doble: especificar los procedimientos necesarios para la trazabilidad de los plasticos reciclados y da las bases para el procedimiento de cálculo del porcentaje de contenido reciclado incorporado en un producto plástico.
En la práctica, las empresas deben demostrar con registros, balances de materia, cuantificación de materiales, aprobación de proveedores y controles de calidad que el porcentaje de reciclado que declaran corresponde a lo que realmente entra y sale de su proceso.
El impulso regulatorio llegó con la Resolución 803 de 2024 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que exige a los fabricantes de ciertos productos plásticos de un solo uso certificar bajo esta norma el contenido reciclado que incorporan. Sin embargo, Puerta subraya un matiz que muchas empresas pasan por alto: la norma no distingue tipos de producto ni el origen del material. “La certificación no aplica únicamente para productos plásticos de un solo uso, sino para cualquier producto plástico que incorpore material reciclado, sin importar si proviene de material plástico reciclado posconsumo o posindustrial”, explica.
“Si la información y la documentación no se logra completar, ellos como proveedores tampoco podrían estar dentro de la cadena”.
Whitney Puerta, profesional senior de certificación de ICONTEC
Eso amplía el universo de actores que pueden certificarse: transformadores que incorporan resinas recicladas, fabricantes de producto terminado, importadores que necesitan respaldar lo que declaran y marcas que buscan sustentar sus afirmaciones ambientales.
Hay, sin embargo, un eslabón que queda por fuera. Los recicladores y centros de acopio que venden material a los transformadores no pueden certificarse bajo esta norma, porque no reúnen todos los componentes que exigen sus requisitos. Eso no los hace menos importantes. “Si la información y la documentación no se logra completar, ellos como proveedores tampoco podrían estar dentro de la cadena”, advierte Puerta. Su papel es aportar la evidencia de origen que el transformador necesita para sustentar la trazabilidad del producto transformado.
Declaración de primera parte frente a verificación independiente
La diferencia entre declarar y certificar dice la auditora, “es bastante grande”. Cuando una empresa afirma por sí misma que su producto es reciclado, se trata de una declaración de primera parte: una afirmación sin la estructura ni las garantías de una evaluación externa.
La certificación, en cambio, implica que un organismo independiente y con competencia técnica revisa la evidencia que sustenta esas afirmaciones contra los requisitos de la norma. Eso aporta certeza al mercado, permite que las empresas respalden su declaración dentro y fuera del país y, sobre todo, se convierte en una herramienta concreta contra el greenwashing.
Cómo se audita el contenido reciclado
La evaluación bajo la NTC 6632 y la UNE-EN 15343 se alinea con un esquema de certificación tipo 6: es una certificación de proceso, pero con un componente que se alinea al producto final.
Durante la auditoría se recorre toda la cadena documental y operativa:
- el ingreso de la materia prima reciclada y las compras a proveedores;
- los balances de materia que la empresa define para cada producto final;
- los registros de producción, los inventarios y las salidas de producto terminado;
- muestreos y ensayos sobre las materias primas recuperadas, ya sea en polvo, hojuela o pellet.
- Se verifica la trazabilidad documental del proceso.
- Se ejecuta la revisión de los requisitos vs las evidencias de cumplimiento.
El objetivo, explica Puerta, es comprobar que la cantidad de material reciclado que entra en el proceso corresponde a la cantidad que la empresa declara en su producto. La revisión también llega hasta lo proveedores: para un transformador, serán las empresas de acopio y recolección; para un fabricante de producto final, normalmente los transformadores. Y hay compañías que cumplen ambos roles, lo que obliga a hacer un análisis del ejercicio completo.
Los errores más frecuentes
La experiencia de auditoría muestra que los tropiezos no suelen estar en la planta, sino en la preparación. Muchas empresas, sobre todo las que se acercan de forma voluntaria, llegan sin una comprensión completa de la norma. Puerta identifica cinco frentes que conviene resolver antes de solicitar la evaluación:
- Adquirir y apropiar la norma. Construir un plan de inspección y ensayo: revisar cada requisito y definir cuál será la evidencia objetiva para demostrar su cumplimiento.
- Conocer las normas asociadas. La NTC 6632 y la UNE EN 15343 remiten a otras normas técnicas específicas para cada tipo de plástico, que también deben conocerse e implementarse
- Definir y documentar la trazabilidad. Tener claro qué información demuestra la trazabilidad completa del material, desde su origen hasta el producto final.
- Ordenar la documentación. Formatos, registros, controles de inventario y controles sobre proveedores.
- Balance de materias. Se debe ejecutar adecuadamente el balance de materias del producto final, donde se pueda identificar el porcentaje exacto de material reciclado que contiene un producto.
Un detalle relevante para quien esté empezando: los organismos de certificación no pueden asesorar, solo evaluar la conformidad. Las dudas de interpretación se canalizan por otras vías, como la unidad de normalización o el comité técnico de plásticos, espacios en los que la industria también puede participar.
Cuánto tarda el proceso
No hay un plazo fijo. La duración depende de la madurez de cada empresa. Si la norma está bien implementada, las evidencias están documentadas y los laboratorios que se usarán, internos o externos, cumplen con la ISO/IEC 17025, el proceso puede ser ágil.
Pero la evaluación de la conformidad “no es perfecta ni lineal”, advierte Puerta. Si aparece una no conformidad, la empresa debe presentar y ejecutar un plan de acción para cerrarla. A eso se suman los tiempos de los ensayos cuando dependen de laboratorios externos. “Es común recibir solicitudes de empresas que requieren resultados en plazos muy cortos, como dos semanas. Sin embargo, el proceso contempla varias etapas que deben cumplirse, por lo que los tiempos de ejecución no siempre pueden ajustarse a esa expectativa”, señala.
Qué obtiene una empresa certificada
Cuando se certifican simultáneamente ambas normas, un transformador recibe cuatro certificados: dos bajo la NTC 6632 y dos bajo la UNE-EN 15343, uno de contenido de material reciclado (que cubre los productos y sus porcentajes verificados) y otro de trazabilidad. Los fabricantes de producto final reciben uno por cada norma, correspondiente al contenido reciclado. A esto se suma el informe de evaluación con sus anexos.
La empresa también puede usar el sello del organismo certificador en sus productos, siempre acompañado de la resina espececífica y del porcentaje aprobado en la certificación. Es un dato que importa al comprador: el sello no dice solo “reciclado”, sino qué material y en qué proporción.
Colombia, México, Brasil y Perú: distintas velocidades
Según Puerta, ICONTEC tiene hoy más de 50 empresas certificadas bajo esta norma, entre ellas compañías de Colombia, México y Ecuador, con procesos en curso en Brasil y conversaciones avanzadas en Perú. No existe una cifra consolidada para todo el país, porque hay otros organismos acreditados para certificarla.
Al estar acreditado por el ONAC, que forma parte de los acuerdos multilaterales de reconocimiento entre organismos de acreditación, los certificados emitidos tienen validez en los países que integran esos acuerdos.
En la comparación regional, Colombia aparece como uno de los mercados más activos en esquemas de trazabilidad y verificación de contenido reciclado. Brasil tiene una escala industrial mayor y una estructura sólida en economía circular, pero, según la auditora, no cuenta con un mecanismo de cumplimiento obligatorio para esta certificación. En México ya hay leyes de economía circular en marcha, aunque la certificación sigue siendo voluntaria. “Colombia vendría siendo país pionero en la región, dejando esto como obligatorio para cierto sector específico”, afirma.
Perú está en una etapa de crecimiento. En una charla reciente en la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), la industria peruana reconoció que ya no basta con declarar el uso de material reciclado y que se necesita verificación de tercera parte. El país trabaja en consolidar reglamentación y documentación que respalde ese camino, y ICONTEC prevé iniciar actividades de certificación allí antes de que termine el año. En el radar también figuran El Salvador, Chile y Bolivia, mercados que, según Puerta, están tomando a Colombia como referencia.
Greenwashing: entre el incentivo y la convicción
La pregunta incómoda es si las empresas buscan la certificación por convicción o solo cuando hay una obligación o un beneficio de por medio. La respuesta de Puerta es honesta: muchas compañías le restan importancia cuando no reciben un beneficio tributario o cuando no es obligatorio. “Eso es algo muy triste y también preocupa”, reconoce.
Pero también observa otro movimiento. Empresas que tienen la calidad “en su ADN” están certificándose sin estar obligadas. Pone como ejemplo la industria de tubería, que no está cobijada por la resolución y aun así empieza a mostrar interés, como un complemento a las certificaciones de producto que ya tiene.
Para la auditora, ese comportamiento voluntario puede tener un efecto de arrastre: si una empresa de un sector se certifica, es probable que otras la sigan. Y ese movimiento podría, con el tiempo, motivar a ministerios y entes reguladores a crear incentivos para quienes se adelantan.
Hacia dónde va
La expectativa es que en los próximos años la certificación se vuelva más accesible y mejor comprendida, y que la adopten pequeñas, medianas y grandes empresas, no solo las que están atadas a la obligación normativa. El horizonte, dice Puerta, es que Colombia pueda vender internamente y exportar productos con contenido reciclado verificado y con una declaración de conformidad reconocida.
Para las plantas de transformación, la conclusión es directa. En un mercado que exige cada vez más pruebas, la certificación “convierte una afirmación de contenido reciclado en una evidencia confiable hacia los clientes, hacia las autoridades y hacia los consumidores”.
Fuente: https://www.plastico.com/
