13 AL 15 DE OCTUBRE 2027

Innovación, regulación y educación impulsan el desarrollo de un mercado que busca aprovechar los bioplásticos donde realmente generan valor ambiental.

Los bioplásticos comienzan a consolidarse en México como una alternativa para aplicaciones donde el reciclaje convencional presenta limitaciones. Aunque todavía representan un mercado emergente, el crecimiento de nuevas tecnologías, la economía circular y una mayor claridad regulatoria están abriendo oportunidades para transformadores, fabricantes y dueños de marca. En entrevista con Tecnología del Plástico, Gisela Galicia Zapata, presidenta de la Asociación Mexicana de Bioplásticos (AMBio), analiza el panorama actual y los retos que enfrenta esta industria.

Más allá del plástico convencional

Durante años, el debate sobre la sostenibilidad de los plásticos se ha concentrado en un falso dilema: prohibirlos o sustituirlos. Sin embargo, la evolución tecnológica de los últimos años ha demostrado que la verdadera solución pasa por diseñar materiales para aplicaciones específicas y gestionarlos adecuadamente al final de su vida útil.

En ese escenario han surgido los bioplásticos, una familia de materiales que combina diferentes características —materias primas renovables, biodegradabilidad o compostabilidad— y que hoy representa uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro de la industria mundial del plástico.

Aunque todavía constituyen menos del 1 % de la producción global de polímeros, la capacidad instalada de bioplásticos continúa expandiéndose gracias a nuevas inversiones en Europa, Asia y América, impulsadas principalmente por los sectores de envases, agricultura y bienes de consumo. Según European Bioplastics, la capacidad mundial de producción podría superar los 5,7 millones de toneladas hacia 2029, más del doble de los niveles actuales.

En México, este crecimiento comienza a reflejarse tanto en la regulación como en el interés de transformadores y propietarios de marca que buscan soluciones para aplicaciones donde el reciclaje convencional enfrenta limitaciones técnicas.

Pero, antes de hablar de materiales, la primera barrera sigue siendo el conocimiento.

“La mayor parte de la discusión sigue centrándose en prohibiciones, cuando primero deberíamos entender qué problema queremos resolver”.

Gisela Galicia Zapata
Presidenta de la Asociación Mexicana de Bioplásticos (AMBio)

Para ella, introducir un nuevo material sin modificar la forma en que se gestionan los residuos está condenado al fracaso. “Cualquier tecnología que tú metas al mercado, si no hay una previa concientización y capacitación en separación de residuos, no va a funcionar nunca”.

Esa visión ha marcado el trabajo de la asociación desde su creación.

“Nos dimos cuenta de que no bastaba con hablar de nuevos materiales; era necesario explicar cómo debía funcionar toda la cadena, desde la fabricación del pellet hasta el tratamiento final del residuo”.

Gisela Galicia Zapata
Presidenta de la Asociación Mexicana de Bioplásticos (AMBio)

AMBio: construir la cadena completa de la economía circular

La Asociación Mexicana de Bioplásticos (AMBio) nació en 2021 como respuesta a la creciente necesidad de aportar bases técnicas a un debate que, en muchas ocasiones, avanzaba más rápido desde la regulación que desde el conocimiento científico. La organización agrupa actualmente cerca de 68 integrantes, entre fabricantes de resinas, transformadores, distribuidores y marcas, incluidos trece transformadores especializados.

Su origen está estrechamente ligado a la entrada en vigor de las primeras restricciones a plásticos de un solo uso en la Ciudad de México. En ese momento, explica Galicia, existía una fuerte confusión incluso entre autoridades ambientales respecto a qué materiales podían considerarse realmente compostables y cuáles no.

“Nos dimos cuenta de que no bastaba con hablar de nuevos materiales; era necesario explicar cómo debía funcionar toda la cadena, desde la fabricación del pellet hasta el tratamiento final del residuo”, comenta.

Con esa premisa, AMBio decidió ampliar su campo de acción mucho más allá de la promoción de biopolímeros. Hoy la asociación trabaja en programas de capacitación sobre separación de residuos, asesora a empresas y autoridades y participa en proyectos para garantizar la trazabilidad de los materiales compostables hasta su valorización mediante compostaje industrial.

Uno de los ejemplos más visibles es su participación en la gestión de residuos durante los eventos asociados al Mundial de Fútbol que se celebrarán en Ciudad de México. La asociación coordina sistemas de separación en sitio para residuos orgánicos y plásticos compostables, en colaboración con recicladores y empresas cementeras, con el objetivo de crear espacios con una meta de cero residuos enviados a disposición final.

Para Galicia, este tipo de iniciativas demuestra que la sostenibilidad no depende únicamente del material utilizado, sino de la infraestructura que permite aprovecharlo.

Cifras clave: el mercado mundial de bioplásticos

La capacidad mundial de producción de bioplásticos podría alcanzar 5,73 millones de toneladas en 2029. Los envases representan cerca del 45 % de las aplicaciones actuales. Asia concentra la mayor capacidad productiva, seguida de Europa. Los principales materiales con mayor crecimiento son PLA, PBAT, PHA, PBS y mezclas de almidón.

Fuente: European Bioplastics. Market Data Report 2024.

La primera tarea: acabar con la confusión

Hablar de bioplásticos sigue siendo, en muchos casos, hablar de conceptos mezclados.

Con frecuencia se utilizan como sinónimos términos como biobasado, biodegradable y compostable, cuando en realidad describen propiedades completamente diferentes. Esta confusión ha llevado incluso a decisiones regulatorias y comerciales equivocadas.

Galicia considera que uno de los principales aportes de AMBio ha sido precisamente desarrollar programas de capacitación dirigidos tanto a la industria como a las marcas para aclarar estas diferencias.

“Hay materiales hechos parcialmente con fibras de agave o de aguacate que muchas personas creen que son compostables, cuando en realidad siguen siendo polipropileno y no pueden compostarse”, explica. Del mismo modo, menciona el caso del polietileno de origen renovable producido a partir de caña de azúcar: aunque su materia prima sea biobasada, mantiene exactamente las mismas propiedades del polietileno convencional y, por tanto, debe reciclarse dentro de los flujos tradicionales.

Esta distinción resulta esencial para evitar que materiales con características distintas terminen en sistemas de gestión inadecuados.

Figura 1. Sistema de clasificación de los bioplásticos

No todos los productos necesitan ser compostables

Uno de los aspectos más interesantes de la conversación con Gisela Galicia es su insistencia en desmontar otro de los grandes mitos del sector: los bioplásticos no son la respuesta para todas las aplicaciones.

Lejos de promover una sustitución indiscriminada, sostiene que estos materiales tienen sentido cuando resuelven un problema específico dentro de la economía circular. El ejemplo más claro son los envases y artículos de un solo uso que inevitablemente terminan mezclados con residuos orgánicos, como vasos de café, platos con restos de comida, cubiertos desechables o bolsas para residuos alimentarios.

En estos casos, explica, el reciclaje mecánico deja de ser técnica y económicamente viable, ya que exige procesos intensivos de lavado y clasificación. “El reciclaje mecánico funciona; donde deja de ser práctico es con productos contaminados con residuos orgánicos. Ahí es donde entran los biopolímeros compostables”, afirma.

Al mismo tiempo, advierte que existen aplicaciones donde el plástico convencional sigue siendo la mejor opción desde una perspectiva de circularidad. Una bolsa para pan, por ejemplo, rara vez se contamina con residuos orgánicos, puede reutilizarse y es susceptible de incorporarse a esquemas de reciclaje. “No le veo sentido a hacerla compostable”, concluye.

Fuente: https://www.plastico.com/